Talismán

Año: 2011

Material: Acrilico

Medidas: 250 x 180 cm

Descripción:

La primera obra de Marzal es una consecuencia del miedo. En el mundo infantil la hora de dormir se asocia a menudo con el peligro. Es la defensa natural de la consciencia, que teme perder el control. El sueño es el refugio de las pesadillas, de los montruos bajo la cama, de los ladrones sigilosos tras la ventana… de alguna forma un ensayo de la muerte. Y es habitual que un muñeco (casi siempre un peluche) sirva al niño de talismán contra los demonios. Ese talismán es el osito, una silueta sin rostro por su condición de objeto inanimado, de continente vacío de emociones preparado para recibir las nuestras. La base azul del cuadro se va oscureciendo en un fondo negro dominante: es el paso del día a la noche, de la consciencia al sueño. Si nos fijamos, sobre este fondo hay un camino estampado en cebra: es la traslación del propio artista. Al principio el camino es estable y recto; pero a medida que entra en el fondo negro, el sólido camino se va haciendo leve y aéreo, se ondula, pierde consistencia… de la misma forma que nosotros, al dormir, vamos abandonando nuestra consciencia para adentrarnos en lo desconocido del inconsciente. Es un espacio lleno de posibilidades pero también lleno de peligros. Sobre todo en el caso de un sordo, que no puede ser alertado por el ruido para volver a la consciencia y defenderse de la amenaza. Un sordo necesita otro estímulo. Por eso, en el navegar del sueño, el lazo de cebra mantiene atado al osito que se eleva a la vez que él, quedando suspendido en el aire. Si algo sucede, la caída del osito, el tacto, será el estímulo necesario para alertar a su dueño.